Escrito por Food News
¡extra, extra!

evolucionamos

gracias a la comida

Nuestra alimentación es sumamente importante (no por algo dedicamos todo un medio sólo a hablar de ella), pero más allá de cómo te ves y te sientes, los alimentos, así como el acto de comer y de cocinar son rituales que están implantados en nuestro ADN. Los últimos siglos han cambiado significativamente la manera en que nos alimentamos, sin embargo, después de milenios de sobrevivir pensando qué comer día a día y pasando horas alrededor del fuego, en cocinas de todos los tamaños y materiales, es imposible negar que hay una conexión especial.

Comer no es un ritual sólo porque nos alimenta. La actividad de comer es quizá lo que nos hizo humanos para empezar. Nuestros antepasados, como el resto de los simios que encontramos hoy, pasaban la mitad del día comiendo, masticando alimentos crudos y buscando más para subsistir. Se cree que algo (quizás un incendio) dejó animales muertos y quemados, y cuando los comieron, descubrieron que les gustaba y era mucho más fácil de masticar, por lo que comenzaron a quemar a sus presas y poco a poco evolucionaron gastando menos energía en comer, permitiendo que nuestro cerebro creciera para convertirse en el homo sapiens que hoy domina al mundo.

De acuerdo a Michael Pollan, autor del libro (y excelente documental en Netflix que no te puedes perder) Cooked:

Como humanos estamos a mitad de camino entre los animales y los dioses. Los animales no pueden cocinar y los dioses exigen sacrificio. Cocinar con fuego hace llegar un sacrificio a los dioses en forma de humo que a la vez demuestra nuestra superioridad sobre los animales, que no saben cocinar y que no pueden complacer a los dioses.

Y es que la comida es mucho más que alimentarse. Es comunicación, tradición, memoria, cultura, placer, juego, arte y la lista

puede seguir. Por eso puede ser todo un ritual, porque incluso al separarla en algo tan complejo como su proceso (la transformación de ciertos alimentos a un platillo específico) queda corta de significado si no tomamos en cuenta todos los signos y símbolos que rodean cada paso del proceso, desde que conseguimos el alimento en cuestión, hasta la sobremesa.

Piensa en tu platillo favorito. Seguramente tienes razones por las que lo es, algunas tienen que ver con el sabor, otras con el recuerdo y con lo que significa para ti. Hay quienes sienten apego a un platillo nacional o a uno con una historia poderosa y más. Ahora piensa que todos los platillos del planeta pueden tener una historia así de compleja, y que cada cocina del mundo tiene una historia que contar. Todo eso apenas es la punta del iceberg al pensar en todo lo que la comida significa para nosotros como seres humanos.

Comer como ritual también ha evolucionado con el paso de los siglos, incluso hasta convertirse en un acto protocolario en cenas importantes o con personas de poder. De acuerdo al libro de Margaert Vesser, The Rituals of Dinner, los modales se originaron para frenar los instintos humanos de usar los cuchillos en contra de los otros comensales en la propia cena.

Los modales en la mesa, sin embargo, son sólo un subconjunto de muchos rituales diferentes que la gente aplica a qué, con quién, cuándo, dónde, cómo y por qué comen. Todos los animales comen, pero los rituales modelados, repetidos, a veces los comportamientos automáticos, a veces intencionalmente atentos y a menudo mejorados por el habla, son aparentemente lo que humaniza las formas en que la especie humana se alimenta. Yo siempre aplico una regla que no falla en relación a modales; “When in Rome... Do as the Romans”.

Hay animales que comen lo mismo todos los días durante toda su vida, pero nosotros necesitamos una dieta balanceada y cambiante, pues ahora tenemos que cuidar nuestro cuerpo y mente. Debemos asegurarnos de que ciertos alimentos estimulan nuestro músculos, mientras que otros nutran nuestro cerebro, cuidan nuestra vista y evitan que nos enfermemos.

Este cambio de actitud, donde cocinar es algo que no se hace por falta de tiempo y donde la comida rápida o instantánea ha suplantado a todo el ritual que implica una comida verdadera, es preocupante. Perder el acceso a la cocina, al ritual de alimentarnos, a sentarnos frente a platillos hechos específicamente para las personas que lo tienen enfrente, es perder parte de nosotros. Es perder parte de nuestra humanidad.

Sin embargo, la buena noticia es que cada día las personas nos hacemos más conscientes de nuestra alimentación y poco a poco la comida casera y los rituales en casa, en familia, solo o acompañado, son cada vez más importantes. Hay una nueva conciencia colectiva de bienestar, cuidado personal y salud que está ampliándose, desde lo que comemos en nuestras cocinas, hasta los restaurantes que escogemos y la comida “chatarra” que nos seduce. Las opciones de snacks saludables son cada vez más comunes en los oxxos, y si eso no es evolución, no sé que lo sea.